¿Quién es John Currin, el artista que firma una de las cuatro portadas de Vogue USA?

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Americano, de estilo realista y amante del color, este artista no duda en generar constantes debates sobre la belleza y la sexualidad a través de su obra. A veces atacado por trabajos que han sido calificados de misóginos, Currin ha sido elegido para firmar una de las cuatro portadas de la revista con Jennifer Lawrence como protagonista absoluta de un sorprendente y bellísimo retrato.

September Issue es hoy un término tan potente que los lanzamientos de las revistas bajo dicho epígrafe se han traducido en millones de ejemplares que atraen la mayor inversión publicitaria del año y que, por consiguiente, obtiene el retorno mediático más importante para una revista. En Vogue, Anna Wintour instauró este concepto cuando rodó September Issue, un documental que narra la confección de este esperado número que marca el comienzo del curso escolar. Para esta última edición, con la actriz Jennifer Lawrence como protagonista en cuatro portadas que firman tres grandes fotógrafos y este artista plástico, la cabecera ha querido celebrar su 125 aniversario con un contenido digital sobre cómo se preparó dicho número. Lo sorprendente y novedoso no es que la revista se haya traducido en cuatro opciones, o que se pueda adquirir por Amazon.com, sino que haya recurrido a la obra de un importante artista como John Currin, para retratar a Jennifer Lawrence -que en septiembre estrena la película Madre junto a Javier Bardem- con un trabajo tan realista como diferente a las últimas portadas de la revista.

Mujer en la cama, título de una obra de Currin. Foto: DR

Representado por la Galería Gagosian en Nueva York, Currin es aplaudido como uno de los nombres más admirados del panorama artístico internacional -como Anna Wintour celebra en el documental-, y cuya obra, cargada de un humor muy irónico, donde las referencias a la realidad no suelen ser muy amables, provoca una discusión sobre los pilares de la belleza y las consecuencias que se desprenden de una conversación sobre el buen o mal gusto que impera en el arte. De sí mismo, Currin afirma “siempre me han gustado las cosas que pretenden ser absolutamente mediocres, pero perfectas, como una suave canción de rock que puede ser memorable, excitante y perdurable, pero vulgar”.

 

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