Las musas y sus responsabilidades cumplidas e incumplidas

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Ninguna marca de moda, belleza o estilo de vida sobrevive hoy sin un ejército más o menos potente de mujeres y hombres que defiendan, representen y divulguen los valores de una empresa. La celebritimania ha alcanzado un poder tan elevado que desprenderse de ella a estas alturas de la película comercial de la industria es una cruzada imposible. Pero ¿cuáles son sus objetivos? ¿Cómo son sus contratos? ¿Los cumplen?

Cundo trabajaba en L’Oreál, no en la marca, pero sí en el grupo cosmético como responsable de prensa de Maybelline y Garnier, tuve la gran oportunidad de asistir a la gestión de muchos de los contratos más potentes que esta industria ha firmado en las últimas décadas Y años después puedo confesar que siempre pensé que sus cláusulas eran despiadadamente y brillantemente redactadas por los agentes, esas figuras que muchas veces crean más problemas que facilidades, pero que si son buenos, creedme, harán millonario a su cliente.

El director creativo de Louis Vuitton, Nicolàs Ghesquiere, junto a algunas de sus musas. Foto: DR

Lo auguró Anna Wintour cuando desterró a las modelos de las portadas de Vogue para dar paso a las estrellas de Hollywood, y hoy aquella decisión ha definido bien el perfil que muchas empresas buscan si quieres alcanzar cierto estatus comercial. Los deberes son obvios, aunque sí es verdad que muchas veces están traducidos en números: número de apariciones de actos públicos, número de veces que deben vestir de una marca, número de veces que harán sesiones de fotos, número de meses que sus campañas estarán en activo o, como ocurrió en el caso de Nicole Kidman en Chanel, que la campaña del Chanel Nº 5 solo fuera contraportada en aquellas publicaciones en la que la creatividad se insertara.

Karl Lagerfeld junto a algunos de sus estrellas fieles a Chanel. Foto: DR

Sí es cierto que existe una posibilidad muy ventajosa para muchas de estas estrellas y es que si una marca requiere de su presencia, pero ha agotado el número de apariciones por contrato, siempre existe un precio alternativo que se abona al margen del acuerdo oficial, es decir, como si fuera una contratación independiente. Por ejemplo, que Léa Seydoux, Alicia Vikander, Jennifer Connelly, Michelle Williams o Catherine Deneuve volaran a Río para asistir a la colección crucero de Vuitton no debió ser tarea fácil para los ejecutivos de la marca, pero el retorno, si se hace una buena campaña, es muy ventajoso para ambas partes porque siempre mejora la imagen de una actriz y su vinculación con una marca.  Pero, como todo, la parte mala es que en muchas ocasiones la vinculación de una actriz con una marca es tan fuerte que puede ser vetada por firmas de la competencia para ser vestida, por ejemplo, para la portada de Vogue Usa o Elle Francia. Esta semana en Cannes todos estos casos se han podido palpar al detalle, aunque es verdad que Cannes es una plaza en la que a cualquier estrella le conviene estar por la visibilidad que reporta, pero el acuerdo entre Balmain y L’Oreál Paris sí ha involucrado a una gran mayoría de sus modelos para presentar la colección de color entre la firma de moda y la de cosmética. Allí estaban todas las modelos imagen de la firma más potente del mundo junto a Olivier Rousteing, director creativo de Balmain y la tercera persona más influyente en Instagram dentro del territorio francés. Acuerdos que suponen para muchas modelos, actrices o cantantes un plus económico muy sólido a su cartera, pero que también las reposicionan en el mercado saturado de rostros, contratos y poder digital.

 

 

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