La revista Arquitectural Digest accede al apartamento de Franca Sozzani en París

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Tras la desaparición de la directora de Vogue Italia, numerosos medios de la misma editorial, Condé Nast, le están rindiendo homenajes a través de contenidos especiales. AD ha recuperado para su última edición un reportaje de su piso en la capital francesa.

Poco antes de Navidad, y tras una dura batalla contra el cáncer, la respetada y admirada Franca Sozzani moría en Milán dejando vacante la dirección de Vogue Italia. Desde entonces, muchos homenajes se han sucedido alrededor de su figura y, sobre todo, de su legado como una de las editoras más influyentes de las últimas décadas. La cabecera de decoración AD es una de las que se ha sumado a este tributo mostrando en su último número su magnífico apartamento parisino donde Sozzani pasaba las temporadas de desfiles, y cuya estancia combinaba con otras en sus residencias de Portofino -donde fue enterrada-, Nueva York -apartamento que ya fue vendido-, Marrakech o Milán, donde residía por su trabajo al frente de Vogue.

Rincón del salón del townhouse de la periodista. Foto: AD

Su fascinación por el arte, el diseño y la arquitectura hicieron de ella una mujer con una visión muy clara de cómo quería que fueran sus casas, aunque en numerosas ocasiones reconoció que no sabía de interiorismo ni tenía mucho interés en saber dónde colocaba las flores o cómo combinaba un sofá con los cuadros en una pared limpia. Quizás por eso, tal y como apuntan en la publicación, su debilidad eran las líneas puras, sin recargos innecesarios. Su hijo, director de cine y fotógrafo, apunta en la revista que su madre sentía “una profunda pasión por los muebles escandinavos e italianos con líneas limpias y modernas. Sus casas eran realmente una expresión de su filosofía personal. Cuando ella no estaba trabajando, estaba pensando en cómo mejorar sus residencias, en la jardinería, en las mejoras, en los detalles…”. La vivienda que muestra AD es un apartamento que Sozzani encontró dividida en tres apartamentos en muy mal estado y a la que inmediatamente vio un futuro prometedor. Para comenzar la tarea de reforma, pidió a uno de sus amigos más cercanos, Massimiliano Locatelli, que se encargara de jugar con la luz y el aire parisino para crear una atmósfera muy única en esta vivienda, no que supusiera establecer diálogos con interioristas, por los que ella no sentía un gran respeto. “Quiero hablar con arquitectos, profesionales de las estructuras”, repetía.

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