La diversidad editorial, ¿un argumento convertido en arma de doble filo?

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La edición americana de Elle recurre a modelos de diferentes razas y anatomías para su portada de baño y Vogue USA recibe críticas por la realizada con el mismo discurso. Los lectores de la cabecera aseguran en Twitter que la imagen no se ajusta al concepto que defienden y que lo utilizan de herramienta comercial para lograr un retorno mediático. ¿Estamos saturando el mercado con mensajes que llegan entrecortados a los lectores?

La edición de baño que acaba de presentar la revista Elle, que se pondrá a la venta el próximo 18 de abril en Estados Unidos, ha provocado algunos comentarios acerca de si el abuso de la diversidad en editoriales y portadas comienza a provocar una cierta desconfianza en sus seguidores. Con modelos como Maria Borges, Bella Hadid, Candice Huffine, Hailey Baldwin, Jasine Tookes y Elsa Hosk, todas bajo la batuta del fotógrafo Terry Tsiolis, esta nueva edición de Elle logra portadas muy diferentes con un golpe de efecto digital muy potente tras conseguir firmar un acuerdo con la agencia IMG para que algunas de sus modelos más mediáticas y fuertes en redes sociales sean portada de la cabecera, lo que le augura una importante visibilidad. En cada número, cada una de ellas es entrevistada para narrar su experiencia como modelo y las barreras que hayan tenido que superar para evitar prejuicios que pudieron mermar su carrera hacia el estrellato.

Portadas de la edición americana de Elle para su especial baño. Foto: DR

Pero frente a este guión de Elle, la revista Vogue eligió para su portada de abril a un grupo de modelos que también trataban de ofrecer una visión muy diversa de la belleza en el mercado americano. Desde la trayectoria de la china Liu Wen -primera mujer asiática en ser portada de Vogue USA-, que aseguraba en páginas interiores que las redes sociales habían ayudado muchísimo a esta integración de razas y volúmenes en la moda, hasta Graham, que en dicho número advertía que “los diseñadores no pueden ni deben olvidar que las mujeres con tallas superiores a las habituales en sus campañas o desfiles son una mayoría y que dar la espalda a esta oportunidad comercial sería absurdo”. Pero esta portada y sesión de fotos provocó que sus lectores manifestaran una cierta decepción y enfado al reconocer que esa diversidad solo se quedaba en un intento, no en un discurso sólido, bien construido y, por ende, real. Desde la editorial Condé Nast nunca hubo respuesta, pero lo cierto es que la construcción de una base periodística sobre ello sí puede ser real y que en cierto modo se trata de levantar la voz y admitir que el camino que se ha emprendido para dar visibilidad a esa diversidad necesita de ciertas mejoras.

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