¿Estamos preparados para vestir con ropa de Vetements?

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Seguramente la respuesta es no, aunque su legión de seguidores le reafirma entre las marcas más potentes del momento. Su diseñador, Demna  Gvasalia, presentó ayer por segunda vez su línea de alta costura como empresa invitada por la Cámara Sindical de París.

Es curioso que las dos colecciones más relevantes de la segunda jornada de la alta costura parisina fueran tan opuestas y tan mediáticas y relevantes a la vez. Chanel abrió el día con una colección impecable a la que muchos definieron como un regreso a sus orígenes, algo que seguramente el propio Karl Lagelfeld no ha dejado de imponer en su diario de trabajo para la firma francesa en las últimas décadas. Justo el mismo día que aparecen las nominaciones a los Oscar, Chanel logra su golpe de efecto con una colección muy propia de la alfombra roja más potente del mundo. Además, que Chanel finalmente no haya vestido a Melania Trump para el acto de investidura de su marido como presidente de los Estados Unidos ha reforzado su apoyo por parte de la industria del cine.

Colección de costura de Vetements para el verano de 2017. Foto: DR

Pero el caso de Vetements, la segunda colección de costura que ayer marcó los titulares más variados en la prensa especializada, aprovechó para manifestar de nuevo su negativa a no romper las reglas y su decisión de seguir trabajando por un acercamiento cada vez más potente a todo tipo de culturas populares. Sin embargo, entre tanta variedad de estereotipos que Demna Gvsalia, fundador junto a su hermano Guram de Vetements y actual director creativo de Balenciaga, coqueteó con las tradiciones al final de su desfile con la aparición de una novia impecable que merecía un impúdico recuerdo al trabajo añorado del diseñador Christian Lacroix.

Propuesta de novia de alta costura de Vetements. Foto: DR

¿Pero puede ser Vetements considerada una marca de alta costura? Según la Cámara Sindical de París la respuesta es rotundamente afirmativa, sobre todo, cuando por segundo año consecutivo cursan una invitación para que París se rinda ante propuestas que, como aseguraba la web de la edición francesa de Vogue, “solo ratifican la fatiga actual que viven los consumidores, ávidos de novedades que impulsen su deseo comercial”. Lo cierto es que Vetements, cuya base de negocio no pasa por líneas de accesorios o licencias para perfumes, logra vender sudaderas a 1000 $ y camisetas a 330 $, sobre todo, tal y como apuntaba su creador el pasado mes de julio a Vogue USA, “porque estamos hablando de prendas exclusivas, que jamás volveremos a fabricar”. En un casting compuesto por modelos anónimos, donde la variedad de tallas, color, edad y constitución era un sólido mensaje a su múltiple clientela, figuraban habituales en sus desfiles como la estilista Lotta Volkova, el dj Clara 3000 o la artista Eliza Douglas, todos caminando bajo la solidez del Centro Pompidou, lugar elegido para un desfile que, a ratos, me hacía visualizar el revoltoso trabajo que el mallorquín Miguel Adrover presentó en Nueva York hace ya muchos años.

 

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