El botox cumple 15 años en la cima de la industria estética

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La toxina botulínica, cómo realmente debe denominarse, celebra su aniversario cómo la revolución más aplaudida y a su vez criticada en el sector de la belleza. Una década y media después de su aprobación para ser utilizada en estética puede presumir de no tener que enfrentarse a ningún otro producto que pueda hacerle sombra.

Cuando trabajaba en un suplemento de El Mundo la responsable de belleza de la publicación propuso un artículo sobre una sustancia que lograba paralizar determinados músculos de la cara y, en consecuencia, suavizar las arrugas en ojos y frente. El reportaje se publicó de inmediato acompañado por una ilustración que trataba de explicar los puntos de aplicación con cierto desorden ya que aquello a todos nos parecía marciano, sin olvidar que apenas se encontraba información en ningún medio que no fuera puramente médico. Varios años después, cuando era responsable de belleza de la revista Yo Dona, nos ofrecieron entrevistar al matrimonio Carruthers, quienes habían sido los responsables de gestionar la aplicación estética de la toxina y que los laboratorios Allergan habían invitado a España a uno de sus congresos. ¿La razón? Esta empresa americana era propietaria de la marca comercial botox en todo el mundo tras su aprobación en 2002. El matrimonio canadiense me explicaba cómo se habían enfrentado a toda la profesión médica y estética que había visto peligrar su futuro comercial con un producto que en pocos minutos restaba años y, sobre todo, eliminaba el cansancio, la tristeza o el dolor con una serie de pinchazos. Sin embargo, en 2003 la actriz Sharon Stone aseguró en televisión que el botox era “una de las mejores cosas que se había creado“. A continuación, se ofreció a someterse en directo a un tratamiento a manos de su cirujano de confianza. Aquello fue la mejor publicidad que pudo obtener el botox en todo el mundo.

A continuación, y tras mucho lidiar con los argumentos que aseguraban que las personas que se sometían a este protocolo estaban inyectándose veneno en su cuerpo, sus aplicaciones comenzaron a multiplicarse y hoy combate migrañas, asma o exceso de sudoración, sin olvidar cómo se ha ido perfeccionando su aplicación para combatir las arrugas o líneas de expresión, sobre todo, combinado con otros tratamientos que aumentan su efectividad. A todo este camino desde 2002 también hay que sumar los beneficios que el sector de la cosmética acumuló con el constante lanzamiento de cremas que prometían un efecto botox, uno de los mayores fraudes de la industria ya que para que la toxina sea efectiva debe inyectarse. Hollywood también ha sido su mejor y peor tarjeta de visita con directores que aseguraban que dejarían de contratar a actrices excesivamente sometidas al tratamiento, mientras que otras huían de ser incluidas en el nefasto club de las adictas a sus efectos. Nicole Kidman, por ejemplo, ha sido una de las estrellas que más ha sido asociada de forma negativa a este tratamiento, al igual que la supermodelo Linda Evangelista o, en nuestro país, la reina Letizia.

 

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