Balenciaga pone a prueba la objetividad de la prensa con su versión de los zapatos Crocs en su desfile femenino

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No me parece que el director creativo de Balenciaga, el ucraniano Demna Gvasalia, se vea afectado por las críticas acerca de su trabajo, pero, sobre todo, intuyo algo aún peor: mucho le resbala si lo que hace es o no feo. Lo que supongo que sí le sigue motivando es observar cómo muchos de los expertos en moda acabarán venerando cada paso que da. Y de eso va esta colección. De veneración. Y de pasos.

Su apuesta por incluir en la colección del próximo verano 2018 una serie de plataformas Croc augura que ya estos se convertirán en una de las imágenes más reproducidas en digital, algo que ya no sabes ya si es un aplauso descontrolado a la modernidad (¿?) o una insinuación sobre si tu capacidad de discernir entre lo que sí es bonito y lo que no (bonito en su definición más básica) se ha puesto en modo on.

Stella Tennat hoy en Balenciaga. Foto: DR

Pero la pregunta para muchos debería ser si saben qué son los Crocs, esos zapatos de los que una vez un amigo me dijo que eran altamente morbosos por ser tan feos. Al margen de anécdotas, que una marca como Balenciaga los reinterprete, aunque ya lo hiciera en su momento Christopher Kane para su desfile veraniego de 2017, aunque ¿quién lo recuerda? En todo caso, esta nueva colección de Balenciaga, además de esta anécdota, para que coquetea de forma mucho menos severa con lo comercial. Allí estaban Eliza Douglas, Jane Moseley, la estilista Lotta Volkova, Stella Tennant, Cat McNeil, Aymeline Valade e Irina Kravchenko, todas con caras entre el recién despertar y el caótico resultado de una iluminación poco acertada por el espacio elegido: un cuarto casi oscuro de las afueras de París. Mientras que sus abrigos se salvan y merecen un tímido aplauso, la nota discordante la ponen las salidas de pantalones con paisajes más propios de un fondo barato de un bar de zumos de cualquier barrio, recursos que podrían convivir con una realidad menos onírico de otros looks más fáciles de situar ende un lugar de trabajo meramente concurrido por obreros. Y no hay que olvidar su estampado de periódicos y billetes, algo que irremediablemente nos lleva a épocas pasadas de Galliano en Dior, que fue un recurso en botas, blusas y vestidos que habrá que ver cómo conviven en el escaparate de su segunda tienda parisina, inaugurada hace pocos días en la Avenue Montaigne con el nuevo logo de la marca bien posicionado, aunque también poco aplaudido en las redes sociales a favor del anterior.

Los abrigos se llevaron todos los tímidos aplausos en al desfile de Balenciaga en París: Foto: DR

 

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