Ashley Graham o por qué justificarse por ser una supermodelo

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Comparte agencia con Kendall Jenner, Gigi y Bella Hadid, pero su carrera, aunque más lenta, sí parece discurrir por el canal adecuado. Elegida para el especial de moda de la revista New York Magazine, Ashley recrea el universo de Dolce&Gabbana en una sesión tan sugerente como las declaraciones que ejecuta sin pudor sobre sus complejos, su ascenso profesional, su ansiada estabilidad sentimental y su imposición como un (¿nuevo?) modelo de belleza.

No parece que 29 años sea la edad idónea para que esta americana se haya convertido en toda una cruzada contra los cánones establecidos en el mundo de la moda y la belleza. ¿Por qué? Porque a su edad, muchas modelos ya empiezan un cierto declive profesional. Sí, real e injusto. Sin embargo, Ashley Graham, que ocupa la portada del especial de moda de otoño de la revista New York Magazine en una sesión de fotos tan sugerente como excesiva, no desfallece y su manifiesto se mantiene al alza desde que la revista Sports Illustrated la eligiera para su portada del especial baño hace dos años. Todo un hito casi sociológico en una cabecera que siempre había apostado por la perfección entendida como aquella que no se bajaba del pódium 90-60-90.

Ashley Graham en la portada de New York Magazine. Foto: DR

Pero es verdad que, en este tiempo, la modelo ha publicado sus memorias (¿con 29 años?), ha lanzado una colección de lencería, ha ofrecido numerosas charlas TEDx sobre su experiencia y su cuerpo ha sido portada de Vogue, Harper’s Bazaar o Elle, eso sí, siempre con la condición de hablar de su talla. Algo alejada del estilo de vida de Jenner o Hadid, la realidad es que su presencia ha definido un estilo de belleza que, aunque podría parecer nuevo para algunos, lo que ha estado es adormecido en un universo donde la perfección ha imperado sin compasión. Su Instagram, donde 4,7 millones de seguidores aplauden su activismo en un mercado que factura 20 mil millones de dólares en el sector de las conocidas como tallas grandes, es uno de sus preferidos atriles para aconsejar, compartir y instruir a otras mujeres sobre cómo afrontar sus complejos, provocados por lo establecido como perfecto o imperfecto.

Imagen de la sesión para New York Magazine. Foto: DR

Su contrato con IMG, la mayor y más poderosa agencia de representación del mundo, la ha posicionado como una prescriptora a la que ahora sí invitan a la gala del Metropolitan -el pasado año se quedó en casa esperando a que algún diseñador accediera a vestirla. Nunca la llamaron- y logra que Anna Wintour se ponga al teléfono para responder a sus dudas sobre su carrera o su forma de vestir. La cuestión ahora es intuir qué será de Ashley Graham cuando el argumento sobre su frondosidad corporal y su activismo se marchiten ante una industria que no muestra interés por los argumentos que se alarguen el tiempo. Habrá que esperar a una posible reinvención cuando ese momento reclame un giro profesional.

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