Anna Wintour podría abandonar Vogue tras la fiesta del Metropolitan el próximo mes de mayo

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La supervivencia de la mujer más poderosa de la moda, tanto dentro y fuera del mundo editorial, parece estar aún más cuestionada. Todo ocurrió cuando The New York Post anunció con rotundidad hace unos días que en Condé Nast han comenzado la complicada tarea de dar con la sustituta idónea para esta periodista inglesa que desde su despacho neoyorquino logró cambiar la forma de entender muchas cosas de esta caprichosa industria. La editorial lo niega.

Con Anna Wintour ocurre algo similar a lo que podría suceder con un miembro de una familia real, anteriormente intocable, pero a quien la era digital ha desvelado como un ser vulnerable, centro de múltiples dardos y, en ocasiones, alguien a quien de inmediato dejamos de atribuirle notables méritos para ponerle cara a cara sin compasión alguna frente a sus contratiempos. Y es que Wintour ha sido algo similar a una reina en un país republicano. No hay que poner mucho esfuerzo para imaginarla protegida por el grupo editorial más grande del planeta, enclaustrada en su despacho del centro de Nueva York, visionando un mundo tan onírico como cruel bajo unas gafas negras de Chanel, agitando a sus espaldas una revista que lleva su nombre en la punta de pirámide y que ha logrado millones de facturación en publicidad con solo una llamada suya. Anna Wintour es la representación más fácil de detectar del éxito y el poder.

Con esta noticia parece obvio que The New York Post buscaba ser el epicentro mediático en una industria que ha visto caer la inversión publicitaria como nunca anteriormente. En sus líneas, el autor de la noticia aludía a una posible renuncia de la editora a su goloso puesto como máxima responsable de la edición americana de Vogue ante el avance de las nuevas generaciones y, sobre todo, por las turbulencias que viven los medios impresos. Y lo logró. Sin dar fuentes que llevaran nombre y apellido, el periódico elaboró una noticia en la que se aportada incluso la fecha marcada para el finiquito. Sería después de la celebración del próximo baile del Metropolitan que, para colmo de los puristas, tendrá como código de acceso a todo tipo de fantasías que la Iglesia ha aportado a las cabezas pensantes de la industria de la moda, además, con el apoyo del Vaticano. Si de ser cierto que Wintour se va de Vogue, ¿alguien imagina una despedida más apabullante?

Mario Testino junto a Anna Wintour en el desfile de Chanel. Foto: DR

Sin embargo, y pese a todo, desde Condé Nast no solo no han confirmado la noticia, sino que han emitido un comunicado para asegurar que es totalmente incierta. La periodista Vanessa Friedman, responsable de estilo del diario The New York Times, ha publicado en la versión digital del periódico un completo informe acerca de esta posibilidad, recordando que el propio Jonathan Newhouse, propietario de Condé Nast, le escribió para indicarle: “Me complace decirte que no hay verdad en los rumores de la partida de Anna”. Lo sorprendente es que a nadie parece que la noticia le ayude a conocer el alcance que esta decisión supondría para una revista como Vogue y, sobre todo, dentro de la editorial Condé Nast. “Será un caos”, se atreve a presagiar Friedman. También recuerda que “Wintour ha ejercido tanto poder dentro y fuera de la revista que por el momento dirige que es difícil analizar su influencia. Durante años ha estado construyendo un imperio a través de cinco administraciones presidenciales, desde mucho antes de la llegada de Tom Ford a Gucci, antes incluso de la repentina fama de Marc Jacobs con su primera colección bajo el estilo grunge o años antes de la graduación de Stella McCartney o Alexander McQueen. Como dijo una vez el columista David Carr en este mismo diario: “Ella no pone un dedo en el viento para juzgar las tendencias; ella es el viento’”.

Es obvio que su posible salida haría feliz a muchos, sobre todo, a aquellos a los que logró destruir porque la veían como una rival a la que machacar. Wintour ha logrado rediseñar muchas de las cabeceras de Condé Nast e imprimirles un nuevo sello ejerciendo de cazatalentos del grupo. Pero la ardua tarea llegará en el momento de anunciar el nombre de su sustituta o sustituto. Quizás sea la propia Anna Wintour la que decida hacerlo a través de su cuenta de Instagram, la misma que nunca llegó a abrir pese a la constante sugerencia de su equipo y que quizás, con tan mediática decisión, opte por inaugurar.

 

 

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