Alaïa y Wintour, una relación basada en la mutua ignorancia

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La muerte de uno de los diseñadores más admirados y respetados de la moda ha desencadenado un (¿inesperado?) aluvión de comentarios en medios sociales hacia la bondad de su figura, pero, sobre todo, para aplaudir su genialidad para confeccionar vestidos que lograban definir la silueta femenina como ninguno. Pero en la hemeroteca sí aparece un punto negro en su respetuosa relación con los medios. En numerosas ocasiones Alaïa manifestó su pesar por el desprecio que la directora de Vogue evidenciaba hacia su trabajo. Sin embargo, ayer la versión digital de esta revista no escatimó espacio para hacer un sonoro homenaje a su persona.

El pasado sábado 18 de noviembre, el diseñador tunecino Azzedine Alaïa moría en París a causa de una caída de la que no pudo recuperarse tras unos días en coma. Su fallecimiento causó un gran impacto en toda la industria de la moda, traducido en toda una avalancha de condolencias de modelos, celebridades, editores y grandes diseñadores más o menos coetáneos al creador. Para Alexander Fury, editor de The New York Times en Europa, “las mujeres claman, temporada tras temporada, comprar sus prendas. En Harrod’s, Alaïa supera a todas las demás marcas internacionales. Él no anuncia, y no presta a celebridades, aunque todas compran su ropa”. Sin embargo, en las horas posteriores a su desaparición sí ha salido a la luz la tristeza que le provocó la ignorancia que Anna Wintour, editora de la edición norteamericana de Vogue, parecía sentir por su trabajo y su tan aplaudida influencia en la moda, algo en lo que ella no parecía estar muy de acuerdo.

Foto: DR

Para alguien que siempre presumió de ser un creador libre –“cuando no quiero algo, no lo hago. Incluso si hay una inversión potente detrás, si no lo siento, no lo hago.  Esta es mi fortaleza”- no es de extrañar que no temiera al poder de la editora del Vogue más poderoso de cuantas ediciones existen en el mundo cuando se quejó del poco trato que le dispensaba en sus páginas, sobre todo, cuando la marca llegó con éxito al mercado americano. “Anna Wintour maneja muy bien el negocio de su revista, pero no sabe de moda. Cuando veo cómo va vestida no puedo creer que sea una mujer con buen gusto. Ella no ha encargado a ninguna persona de su equipo que fotografiara mi trabajo en años, incluso cuando se ha convertido en un éxito en su país de residencia. ¡Y tengo un espacio de 140 metros cuadrados en los almacenes Barneys, en Nueva York! Las mujeres americanas me aman. No necesito su apoyo en absoluto. Anna Wintour no se ocupa de las imágenes; ella sólo ejerce una labor de relaciones públicas y está muy involucrada en la parte del negocio de Vogue y, claro, los asusta a todos. Otras personas piensan como yo, pero no lo dicen porque temen que jamás ordene que se les fotografíe para su revista. De todos modos, ¿quién recordará a Anna Wintour en la historia de la moda? Nadie. Por ejemplo, el caso de Diana Vreeland, a quien todos recuerdan porque era muy elegante. Lo que ella hizo en Vogue junto a Richard Avedon fue genial”.

 

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